El amor y el poder en tiempos de pandemia

Jueves, 25 de Junio de 2020

El amor y el poder en tiempos de pandemia

 “El amor a la libertad es amor al prójimo;

el amor al poder es amor a sí mismo”.

William Hazlitt

 

Vivimos momentos en que el distanciamiento social se convierte en una oportunidad para instaurar discursos de amor, de necesidad familiar, de unión a pesar de la distancia, un tiempo en el que la crisis económica se convierte en oportunidad para mostrar la solidaridad, cercanía a los más vulnerables, conciencia ante las necesidades, y desearíamos que todo fuera sincero, pero no lo es, infortunadamente como siempre el sistema capitalista, patriarcal, juega con el amor para convertirlo en herramienta de un poder posesivo y egoísta, pone a la solidaridad como anzuelo para sostenerse y posicionarse más fuerte, desdibujando esas acciones que para muchos son verdaderas y reales.

Actualmente en el mundo familiar, laboral y social se fortalece la gratitud como un acto obligatorio de los necesitados hacia quienes ostentan el “poder”, expresiones como: gracias por protegerme, por no acabarme, por no despedirme, gracias por darme un salario, por gobernarme y doblegarme, gracias por el poder que usted ejerce sobre mí. El dominio que se ha vuelto parte del paisaje, una práctica cotidiana y peor aún termina generalizándose, es como si este síntoma lo hubiese traído el virus.

Incomprensiblemente agradecemos a quienes se han enriquecido durante años a costa nuestra porque entregan ayudas para alimentar a las poblaciones más vulnerables, agradecemos al estado que se mantiene de nuestros impuestos porque no cobra por un día el IVA, celebramos que nuestros gobernantes hagan uso de los recursos públicos para dar subsidios a los más necesitados, aplaudimos a las empresas que “respetan los derechos laborales”, es como si el Covid-19 en vez de claridad nos trajera incapacidad para pensar y darnos cuenta de que esa generosidad, ese amor, esa solidaridad son un disfraz para apoderarse más de nuestras voluntades. Este momento es propicio para que un dios se imponga, creamos más en los salvadores, esperemos milagros y consideremos sabios a todos aquellos que nos dicen lo que es obvio pero que el miedo no nos permite ver.

Es urgente que el amor y la solidaridad sean rescatadas de esos discursos y acciones soterradas, de quienes quieren sostenerse en el poder, no para servir sino para mantener su ego y su adicción al poder. Debemos creer en el otro, en quienes están a nuestro lado, que trabajan hombro a hombro con nosotros, que entienden lo que es sobrevivir y resistir en estos ambientes tensos y de crisis. Cuesta creer en quienes, desde la comodidad permanente y el disfrute de la riqueza, hablan de la necesidad, y utilizan su autoridad como una tribuna para hablar de generosidad, dicen entender a las clases menos favorecidas mientras fortalecen su interés por las ganancias y la producción, y en su discurso permanentemente hablan de consideración a la clase obrera.

Es momento para decir no a las palabras y acciones amorosas que nos someten y condenan a ser propiedad de otros, de quienes se sienten amos y señores de nuestra fuerza laboral, de nuestro cuerpo, de nuestros pensamientos, de nuestros sueños.

La resistencia que hace CONRAIZ son las reivindicaciones laborales, no sufrimos de amnesia colectiva, no nos negamos al olvido histórico; es tiempo de liberarnos del miedo, salvar el amor y reconstruir la solidaridad, fortalecer los vínculos, los sentidos y activar acciones colectivas que posibiliten caminos reales y cercanos para sobrepasar la crisis. Es necesario creer en la historia y en la sabiduría de los trabajadores y asociados “de a pie”, aquellos que han permanecido a lo largo del tiempo con la firme convicción de que la cooperación es el camino.

Desde el sindicato seguiremos llevando la vocería del silencio colectivo, ese mutismo alimentado por el miedo y el amedrentamiento. Somos la voz de la diversidad y la pluralidad.