Entre líderes y guardianes: Advertencia sobre liderazgos autocráticos y estúpidamente narcisistas

Miércoles, 23 de Agosto de 2017

Entre líderes y guardianes: Advertencia sobre liderazgos autocráticos y estúpidamente narcisistas

Entre líderes y guardianes: Advertencia sobre liderazgos autocráticos y estúpidamente narcisistas

En su Teoría sobre la estupidez, el historiador italiano Carlo Maria Cipolla define esta condición como una acción deliberada que perjudica a los otros y no beneficia a quien la realiza. Agrega que la estupidez afecta la condición humana sin tener que ver con el nivel educativo, el origen socioeconómico,la formación o el comportamiento moral.

Quienes caigan en esta situación y desde allí puedan afectar su entorno, son posiblemente más peligrosos que los muy malos, en razón de lo cual el asociarse con personas estúpidas puede terminar en un desastre de altas y bajas, debido a que su conducta irracional no permite advertir sus siguientes acciones.

Esto puede ocurrir inadvertidamente en instituciones con cultura participativa cuando los espacios y los medios que se han dispuesto, con el tiempo son instrumentalizados por personajes ambiciosos, pues también alguna gente se acostumbra a delegar sus responsabilidades y depositan su confianza en quienes se consideran a sí mismos como salvadores, y que terminan por asumir roles protagónicos desplazando aquella participación que originalmente se promovía como política.

Estos casos son habitualmente un síntoma de corrupción en una parte del liderazgo histórico, pero tiende a agravarse cuando coincide con una manifestación de narcisismo que está más extendida y que suele denominarse como ‘egoísmo’, si es leve. Cuando la dirigencia tradicional o los personajes que aparecen de un momento a otro como defensores del mismo punto de vista, solamente logran mirar con ese lente, hay que dudar de que en realidad esté viendo algo distinto de sus intereses particulares.

Enseguida tratarán de negarse a los debates, en organizaciones que los requieren, y afectarán de esta manera los mecanismos democráticos, al tiempo que sus acciones pierden coherencia, pero ya va a importarles muy poco la crítica; se harán resistentes a ella, pues la tomarán como un ataque personal, si su mirada está condicionada de esa forma.

Este narcisismo perjudicial de lo colectivo, el mismo que encontramos ligado a la estupidez, es diferente del que se encuentra silvestre, como característica de una sociedad marcada hasta las entrañas por el capitalismo, en formas de consumismo, de sexismo, de fanatismo e intolerancia, de codicia y de autoritarismo. El más grave lo portan individuos que precisamente por vivirlo como una secreta debilidad y como su tragedia, lo niegan con evidentes autoengaños, no obstante que las demás personas pueden observar lo egocéntricos, rígidos y controladores que están siendo.

“El yo grandioso es un monstruo que se nutre inexorablemente de convertir a los otros en objetos para el propio uso, y de una falsedad en la percepción de los logros. Exige además un alto grado de ansiedad vital, con su consecuente adicción al estrés, y un mantener la mirada continuamente hacia afuera. No hay reposo ni interioridad posible porque se corre el riesgo de acercarse demasiado a la zona en que la mentira ya no podría ser mantenida”, dice el psicólogo humanista y docente de terapia Gestalt Albert Rams. Y de acuerdo con el psicoterapeuta José Luis Cano Gil, la fuente de todo narcisismo es, la fijación de la desesperación infantil inconsciente.

Provistos de una caparazón que según esto vendría desde una crianza poco amorosa por cualquier circunstancia (a veces por el propio egoísmo de las personas encargadas de su socialización), estas personas estúpidamente narcisistas (es decir, aquellas que no advierten cómo pueden dañar a quienes les rodean con su intransigencia), rechazan a quienes se atrevan a cuestionar sus excesos, y en su afán de dominio pueden articular estrategias que involucran a los más débiles en sus planes fantasiosos y encubridores de sus intrigas.

Si son hábiles para manipular, también son capaces de exhibir capacidad destructiva de lo colectivo con tal de salirse con la suya, que como se analiza, tampoco les beneficia, excepto en hacerles sentir bien con su sentido de control, de autoridad y de falsa seguridad.

¿Qué relación y en cuál fuente buscamos ante estas prácticas corrosivas de lo democrático? En su visita a Colombia dijo Edgar Morin: “…En palabras de Sábato, necesitamos ‘mundólogos’, si no vamos a tener solo visiones parciales, unilaterales y cerradas. Se trata de preparar nuestras mentes para el combate vital por la lucidez, y eso significa que hay que estar siempre buscando cómo conocer el propio acto de conocer...” Entendemos que así puede llegarse hasta la raíz.

ConRaíz- Comité de Empresa UNEB-CONFIAR

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