Olegario Confiado. Pasado de crédulo

Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Olegario Confiado. Pasado de crédulo

Olegario Confiado[1] pasado de crédulo.

 En contra de sí mismo, decía Jaime Gil de Biedma:

“Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,…”

Del bien vivir que tenía alardeaba Olegario,

hasta que vino a saber que en el pan que se comía

estaba la corrupción que mella lo solidario.

Como gran parte de los asociados, suponía

que casi medio siglo de vida garantiza

maduración colectiva y al menos, una revisoría.

Leonaldo cree que el confiado se las pisa

mas su intento puede salirle al revés

si esto que nos sucede la Delegataria analiza.

Consejeros hay que por esta vez

creen estar en un edén, ya que no en El Paraíso

encostalando sapitos… ¿vos sabés?

Eso dijo al auditorio un personaje rollizo:

 

Nos reservamos la tierra en la que se han recreado…

Y pretenderá quizá endilgarnos un mellizo[2]

del murciélago feroz en que se ha transformado.

Olegario, cooperativista, se siente sobresaltado

y casi cae infartado al conocer que en Confiar,

de origen sindicalista, éstos sobran según lo actuado.

¿Pueden las pequeñas cosas capturadas por el poder autoritario ser recuperadas por la solidaridad? En su ‘Epílogo’ a las cartas que Sábato reunió en La resistencia, caracteriza “(…) esos momentos decisivos, esos cruces de caminos que son difíciles de soportar pero que nos abren a las grandes opciones. Son momentos muy graves porque la elección nos sobrepasa, uno no ve hacia adelante ni hacia atrás, como si nos cubriese una niebla en la hora crucial, o como si uno tuviera que elegir la carta decisiva de la existencia con los ojos cerrados”.

Así han sido estos meses, puesto el Comité de Empresa ConRaíz de la Uneb en el centro de la disyuntiva que la administración actual ha provocado con sus malas prácticas, al mismo tiempo que pretende dilatar soluciones previstas por quienes más se muestran comprometidos con el presente de la Cooperativa y de su Fundación. En el proceso se aprende a distinguir cuándo se falta a la verdad, y la veracidad se vuelve tan frágil como el ejercicio de la democracia. No son pocos los embates que recibimos por defender ambas prácticas, pero eso nos motiva a fortalecerlas y a no permitir que se extingan, porque son claves para las personas que se encuentran en zona de disturbio, agitada esta vez soterradamente por un falso líder para encubrirse.

El autoproclamado líder cooperativo tiene visiones de corto plazo que enlazan con su autoritarismo, aunque finge estar aspirando a mucho. Pero, atención, esto también puede hacerlo cuando la mayoría quiere soluciones inmediatas y prefieren ser dirigidos por una figura paternalista en vez de reflexionar sobre la experiencia de Confiar dentro del sector y tomar decisiones en consecuencia. Las voces críticas son pocas, y se respeta a un poderoso porque tiene poder: la gente teme represalias por asumir posiciones que están cerca del cumplimiento de su humanidad, en tanto la cultura política en Colombia es débil. Según Olga Albornoz, expresidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría y experta en salud mental comunitaria, habría que promover una educación política que le permita a la gente defender posiciones políticas y dejar de creer noticias falsas.

Es importante conocer que considerar a otras y otros como objetos para maltratarlos, para usarlos, es propio de un perverso que no encuentra otra línea de escape cuando se enfrenta a las dificultades de la gestión. Para Espido Freire, en Los malos del cuento, el vampiro se alimenta de la energía ajena, de los favores y privilegios que puede obtener a través de la manipulación y de la influencia que ejerce: ése es su trabajo, la supervivencia a costa de los demás.

Otra de las características personales de un perverso sería: ‘querer hacer de grande lo que de niño no pudo’, incluso buscando cómplices para rebajar aún más a sus víctimas. En la Revista Escanción II, Francois Leguil menciona que el perverso entraña cotidianeidad. Rompe el límite del deseo en un primer momento y da a su pareja placer temporal, que en lo venidero aburre, por requerir en cada encuentro lo mismo. Para él, todo cambio es terrible y viene a desordenarlo todo.

Como se sabe, entre los perversos se encuentran los fetichistas, lo que significa un refuerzo de una tendencia a no entablar lazos interpersonales, sino por medio de cosas a las cuales se otorga un sentido de índole sexual o que pueda significar poder o influencia, en el afán de hacer suyo el sujeto al objeto (otra persona tratada como tal), sin dejar más de él. En este caso, el amor es objetivado nuevamente, no se quiere una mujer, se quiere un fetiche, un objeto.

Su ego y su narcisismo le sirven a un fetichista perverso de armadura inexpugnable. Así, no oyen, no entienden y cuestionan a punta de gritos y ofensas a quienes les dicen que no comparten algún asunto, además de acomodar las mediciones a su favor: si son desfavorables, se empeñan en elevar todo lo que puedan una imagen positiva, convencidos de que ‘o estás conmigo o estás contra mí’ y perdiendo el sentido de la realidad.

Las pequeñas cosas de la vida a las cuales canta Joan Manuel Serrat, cuyo ‘tren compró boleta de ida y vuelta’, pueden cobrar un sentido diferente si las rescatamos de las manos de un vampiro desagradecido.

 

[1] Sobre Olegario escribió un ex directivo de la Fundación Confiar por primera vez en marzo de 2000, en el boletín Líderes de Confiar, que en ese entonces se dedicaba a la información y preparación de los Delegados.

[2] Se podría tratar de Alejandro, el Director de la Fundación, o de Leandro, el Gerente General, en competencia con otros trepadores para ver cuál hace más merecimientos, sin sospechar siquiera que el ‘Líder cooperativo’, tetra-gerente, solamente se ama a sí mismo.